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Los problemas de coordinación reflejan la experiencia que el niño/a tiene de su cuerpo en el espacio. El movimiento es el primer lenguaje del niño: A través del movimiento explora el mundo, logra el sentido de su propia posición en el espacio, desarrolla consciencia del mapa de su cuerpo y aprende a coordinar los ojos con el cuerpo de manera conjunta. Su cuerpo también su propio vehículo de expresión; postura y gesto expresan una historia por sí mismos bastante antes de que se desarrolle el habla fluida. El lenguaje corporal permanece con nosotros para el resto de nuestros días. El nivel más avanzado de movimiento es la habilidad para permanecer totalmente inmóvil. Mantenerse inmóvil requiere el conjunto de los músculos funcionando al unísono en perfecta sincronía con el mecanismo del equilibrio. El niño de primer curso de Primaria que es incapaz de sentarse tranquilo, demuestra que aún no posee control suficiente sobre su cuerpo para superar el movimiento y orientar la atención hacia otras tareas.
Movimiento y lenguaje están enlazados en los primeros estadios del desarrollo del lenguaje. Si pides a un niño de dos años y medio que diga “mano”, generalmente moverá su mano a la vez que lo dice. Solamente cuando empieza a desarrollar control automático del movimiento, puede surgir el lenguaje como una destreza independiente. ¿Por qué son tan importantes estas cosas para aprender en la escuela? Se pensaba que los reflejos primarios no podían mantenerse en su cruda forma entre niños normales. Una creciente cantidad de investigaciones (Ride 1973, Bender 1976, Wilkinson 1994), sugieren actualmente que puedan persistir y persisten vestigios de reflejos tempranos en algunos escolares normales y les mantienen con dificultades en la adquisición inadecuada de esquemas de movimientos voluntarios, limitando las habilidades expresivas del niño. Los niños con desajustes motóricos encuentran difícil integrar su personalidad en el medio ambiente puesto que no tienen el repertorio completo de reacciones adecuadas. La falta de automatización de las destrezas motoras impedirá el procesamiento cognitivo, de manera que el niño puede saber lo que quiere decir pero le resulta imposible combinar las acciones motrices de la escritura con la expresión fluida de las ideas.
El movimiento ayuda a desarrollar la consciencia espacial, la direccionalidad y el control del equilibrio. El mecanismo del equilibrio está enlazado con los músculos que controlan el movimiento de los ojos por vía de un circuito llamado el arco reflejo vestíbulo-ocular. Los niños con pobre equilibrio a menudo tienen deficiente movimiento de ojos, lo que puede afectar a la habilidad para leer y otras tareas simples como pueden ser colocar en columna los números para el cálculo en matemáticas. Cada vez es mucho menos lo que se mueven los niños en su vida diaria. Desde que nacen, a menudo van a pasar mucho tiempo en moldeados aparatos para acostarles o sentarles, en casa y en sus salidas. Se trata de ayudas para las madres modernas, sin duda; pero nunca deben sustituir al suelo como el primero y mejor campo de ejercicio. Arrastrarse y gatear son estadios importantísimos, cruciales en la integración de esquemas de movimiento ya que en el proceso de gatear el bebé aprende a sincronizar los sistemas del equilibrio, motriz, kinético y visual por primera vez. La coordinación manos-ojos, necesaria para gatear, se traslada exactamente a la misma distancia que el niño utilizará para leer y escribir. El niño de 2 y 3 años necesita mucho tiempo para correr, trotar, brincar y saltar; para rodarse, tirarse y dar volteretas. Todas estas actividades sirven para primar el sistema motriz en preparación para las habilidades motrices finas. Las horas que pasan los niños frente al televisor son horas de pasividad, no integran nuevos materiales en sus sistemas funcionales. El niño menor de 7 años aprende mucho mejor cuando relaciona lo físico y lo emocional con el material a aprender. El antiguo sistema, “tan pasado de moda”, de cantar a coro en clase es un excelente ejemplo de método activo para aprender, ayuda a desarrollar la memoria auditiva. Antes de aprender a subvocalizar – lo que hacemos la mayoría cuando tratamos de fijar algo en la memoria – necesitamos aprender a vocalizar. El niño en edad escolar necesita tiempo para moverse tanto como tiempo de estar sentado tranquilo – no todas las dificultades para leer, para escribir, así como los déficits de atención, residen en la cabeza; algunos están ligados al cuerpo-.
Contenido adaptado de un artículo que Sally Goddard publicó en la revista “Natural Parent” de Enero-Febrero 1999. Hoy estas ideas, estas necesidades, están mucho más de actualidad y vigencia que hace 12 años. ¿Cuándo en Educación se van a tener en cuenta?
Iges
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