HOY SABEMOS... TU BEBE CRECE PDF Imprimir E-mail

 

Hoy sabemos… Tu bebe crece

“Hoy sabemos, a través del estudio de  casos, que  a menos que el bebé sea criado por  alguna persona que le quiere, el niño nunca se desarrolla en plenitud humana”.    

                                                                                                                          Melodie de Jager 

 

Todos queremos que el bebé  llegue a la plenitud de ser humano, para ello no basta con crecer solamente, necesita además desarrollarse. Existe una enorme y vital diferencia entre los dos conceptos. 

Crecer significa aumentar de tamaño, algo que acontece de forma automática si tiene salud y es alimentado.
Desarrollarse
implica que es gradual y comprobable su capacidad para hacer más y mejor sus funciones físicas, emocionales, cognitivas y sociales. En gran medida todas esas funciones dependen de la acción e interacción con su medio.

Crecer y desarrollarse ocurre a través de etapas o fases que son generales y universales, todos los niños pasan por ellas. El progreso o desarrollo del niño viene indicado por unos hitos  -levantar la cabeza, darse vuelta, arrastrarse, sentarse, gatear, caminar, balbucear, hablar, separarse de su mamá, pintar, dibujar, columpiarse, leer, escribir, etc.-  todos ellos muy importantes aunque no todo niño los realiza exactamente a la misma edad, cada niño tiene su propio “tempo” de desarrollo.

Todas y cada una de las fases deben desarrollarse adecuadamente antes de pasar a la siguiente. Bajo ningún concepto deben los padres “empujar” al niño a la fase siguiente si éste no está preparado para ella; algo que la escuela debería saber y tener en cuenta.

Cada hito nos indica que el cerebro se desarrolla paso a paso, algo muy importante si queremos prevenir dificultades de aprendizaje más tarde (léase “fracaso escolar”).

Los tiempos en los que se desarrollan estas fases son de suma importancia: Ocurren a la vez que el crecimiento del cuerpo y del cerebro, y se producen tanto fisiológica  como emocional, mental y socialmente.

Sabemos que en torno al año de vida, el niño tiene la cantidad máxima de células cerebrales que tendrá en su vida; a partir de ahí las células no utilizadas, por no haber sido estimuladas, se irán podando a razón de miles cada día.

Las investigaciones de Benjamín S. Bloom confirman que el 33% de las habilidades para pensar se desarrollan en los 6 primeros años de vida. Lleva tiempo desarrollar ese 33% crucial y requiere un plan muy preciso que va paso a paso.

Secuencia del desarrollo:
Para ser capaz de pensar, lo primero que necesita un niño es sentirse seguro. Para sentirse seguro necesita conocer su cuerpo y conocer bien lo que puede hacer con él. Solamente entonces se sentirá seguro para dirigirse a otros, estar con ellos, hacer preguntas y hablar claramente. Todo ello forma parte  del “hacerse plenamente humano”, meterse de lleno en la aventura que llamamos vida.

Todo niño sano nace con la curiosidad para explorar, encontrar y aprender acerca de su medio ambiente, por eso nunca está parado. Nació para aprender moviéndose, explorando y tocando. Con este potencial innato, los primeros años del niño son los ideales para aprender a aprender; aprendizaje que sucede como diversión y libre del estrés escolar. Mientras, eso sí, a través de su actividad que es plenamente lúdica, va logrando estar preparado para la escuela.
Juego significa aprender-descubriendo la realidad en su medio. Lo opuesto a lo anterior es cuando a un niño se le dirige y se le dice qué y cómo hacer las cosas. Decirle qué y cómo es más rápido que dejarle descubrir por sí mismo, por lo que muchos padres (y escuelas) privan a los niños de la más valiosa herramienta para aprender: su “ir descubriendo la realidad”.

El desarrollo no se debe precipitar o acelerar. Las pocas pero esenciales habilidades básicas se aprenden en los seis primeros años de vida –todo el tiempo del mundo- y deben ser utilizados, esos años, al máximo.

Dejarle descubrir su medio da al niño confianza, porque se entera de que puede aprender, que se aproxima a humanos como papá y mamá descubriendo el mundo de forma segura en su medio.

Decir, enseñar, instruir al niño pequeño es como decirle: “Tú no sabes. Me necesitas para todo”. Ello le hace sentir menos confianza  en sí mismo, menos capaz y le pone obstáculos  a sus innatas habilidades  para explorar, aprender e innovar.

Tu papel: 

¿Dónde estamos pues y, qué papel tenemos los padres y maestros?

Feuerstein dice: “Un niño, para ser feliz e inteligente, necesita un adulto afectuoso que le abra el mundo y le dé sentido”. Y Piaget añade que el niño también necesita áncoras (estabilidad) para aprender y desarrollarse. Amor y constancia  abren el mundo para el niño y le dan sentido.

Cuándo comienzo:

Cuando el bebé está en el útero materno, padre y madre pueden hablar al bebé a la vez que acarician la barriga materna. La madre debe cuidar su alimentación, su pensamiento y lo que escucha ya que el bebé comparte todas esas experiencias con ella. Es el principio de sus experiencias sensoriales y emocionales en la vida.

Qué debo hacer y cuándo:

Desde la concepción hasta los 14 meses, más o menos, el enfoque principal se debe poner en el desarrollo físico del bebé. La tarea es inmensa para el niño, pero la colaboración de los padres  -además del aseo, que duerma y coma adecuadamente-  debe ser diaria e intensiva para: despertar sus sentidos,  fortalecer todos sus músculos para que se mueva con libertad y confianza a través de todas las fases del desarrollo, y los masajes. El movimiento es el nutriente primario, básico y fundamental del cerebro.

De los 14 meses hasta los 4 años, el centro de atención de los padres  debe ser el desarrollo emocional y social. La alabanza, el aliento o estímulo, la disciplina de las normas, la interacción con otros, ir a sitios y descubrir el mundo; son sólo algunas de las muchas oportunidades que necesita imperiosamente el niño.

Desde los 4 hasta los 6-7 años el foco de atención se sitúa en el desarrollo cognitivo (mental e intelectual). El lenguaje, la motricidad y el descubrimiento del entorno engloban el conjunto de necesidades de la inteligencia en estas edades –lo que menos necesita es que le enseñen lectura y escritura- .

¿Estaré haciendo demasiado poco?

Ciertamente, si no miras mucho a los ojos de tu bebé, si no hablas mucho con él (no a él), si no juegas con él, si no te pones en su lugar, a su alcance para explicarle las cosas, etc. Estarás haciendo demasiado poco. De ese modo su desarrollo quedará  muy condicionado.

¿Puedo pasarme haciendo demasiado?

Sólo si fuerzas, empujas a tu bebé a lograr metas deprisa; si le dices y diriges para hacer las cosas; si le fuerzas antes de que esté preparado para algo, sean trabajos escolares, ejercicios y otras actividades por encima de su madurez,… -esto puede estar sucediendo bastante en muchas escuelas infantiles-.

¿Dónde debo comenzar?

El desarrollo físico debe ir siempre por delante: Un cuerpo saludable porta un corazón feliz y una cabeza inteligente.

- Pero, ¿todo esto no hace a mi niño hiperactivo?

- Tú sabes la respuesta.

Referencia: Programa BABYGYM de la Dra. M. de Jager
http://www.dayon.es